Estoy de espaldas al mar, porque mirarte de frente me lleva a buscarte en mis recuerdos, y no me lo permito. Principalmente porque no lo mereces y, menos aún, lo merezco yo.
Esta sería la perfecta introducción para cualquier carta de despedida.
El problema es que, antes de irte, yo ya me había marchado.
Y esto, amig@s, es lo que no entienden las personas que nos obligan a vivir de espaldas al mar porque han decidido vivir con miedo.
Hay personas adictas a vivir saltando en el trampolín de una piscina vacía y hay otras, que estamos tan enamoradas de la suerte,que estamos dispuestas a cruzar nadando al otro lado, por si acaso está ahí escondida la felicidad o en su defecto, esa sonrisa que llena de agua la piscina vacía.
La felicidad nunca tiene nombre propio, ni pronombre; no es él, ella o elle. La felicidad está en nosotros, valientes y decididos.
La felicidad es para los que prueban suerte por si acaso.
Así que, por si acaso estás al otro lado y aún no has decidido mojarte, saltar o nadar contracorriente, si el miedo es más grande que las ganas...
Hazte la siguiente pregunta:
— ¿Qué ocurrirá, cuando llegue el día, en que al otro lado, ya no haya nadie por quien ser valiente?
La vida siempre tiene un plan.
¿Cuál es el vuestro Hortelanos?
Seguimos escribiendo...
SECCIONES
Al otro lado
Marea(dos)
Dicen que el mar siempre devuelve lo que no le pertenece. Hace unos años, escribí sobre mareas que arrastraban mentiras de verano y promesas de "dejarlo todo" que nunca llegaron.
Es increíble, como la historia se repite, pero también como ya tengo la "vacuna" escrita desde 2023. Las Marea(s) ya aparecieron en mi vida y en mi libro.
Ese fragmento que dice: «El abuso de esta sustancia puede provocar cambios de humor, ansiedad, insomnio, tristeza, fiebre, pérdida de “apetito”, desorientación y vacío emocional.
Hoy, la marea vuelve a subir.
Los mismos síntomas, el mismo diagnóstico, pero diferente paciente. Ya no aguanto la respiración hasta que me salen branquias, ahora salgo a la superficie, me pongo el pase VIP y disfruto del Backstage.
Todas necesitamos una amiga, que nos haga sentir como una reina, aunque sea por una noche.
Con la edad, los duelos se pasan bailando.
El recuerdo quema tanto o más que sus besos.
Con veinte años, este sería el domingo perfecto para escribirle al tío que te vuelve loca y recordarle que sigues pensando él. Todo son señales o excusas, como lo quieras ver.
Veinte años después, ya no necesitas excusas, ni motivos, ni noticias con su cara, ni señales divinas, ya tenemos la valentía de poder escribir un simple :
¿Qué tal tu domingo?¿Cómo estás? Llevo días pensando en escribirte.
A estas alturas del juego, ya hemos perdido el miedo y la vergüenza, si quiero hacer algo, lo hago y punto final.
Pero con los años, también aprendes, que el silencio, también es de valientes.
Hablar, para no decir nada, es un malgasto de energía innecesario.
No quiero un “Buenos días”, quiero el BESO de “Buenos días” y el de “Buenas noches” y el de “Luego nos vemos”
Lo quiero todo, in situ, no virtual, te quiero a ti, solo para mi.
¡No pienso aceptar menos!
Obvio que vendrán otros besos, otras caricias, otros encuentros, a los cuarenta eso lo tenemos claro.
Si tú no estás, estará otr@.
Unos van, otros vienen, y otros te queman cada segundo del día, de piel para dentro, solo con su recuerdo.
Nuestra historia se resume, en esta frase que escribí hace unos años: “Tú enamorándote de los sábados y yo, idealizando los domingos”
Así que, Solter@s, si nos hemos aguantado las ganas, de escribirles el sábado noche, para decirles que soñamos con arrancarles la ropa, podemos aguantar el domingo de crisis existencial.
Nunca sabemos con quién se están comiendo la paella…
Por ello, si la marea no lo trae de vuelta, mejor no escribir, para no acabar marea(dos).
Seguimos escribiendo…